Síntomas y tratamientos

Síntomas Motores.

  • Temblores: Lentos y rítmicos. Predominan estando en reposo y disminuyen al hacer un movimiento voluntario. No necesariamente los presentan todos los pacientes.
  • Rigidez muscular: Resistencia a mover las extremidades, hipertonía muscular.
  • Bradicinesia: Lentitud de movimientos voluntarios y automáticos. Falta de expresión de la cara. Escritura lenta y pequeña (micrografía). Torpeza manipulativa.
  • Anomalías posturales: Inclinación del tronco y la cabeza hacia delante. Codos y rodillas están como encogidos.
  • Anomalías al andar: Marcha lenta, arrastrando los pies. A veces se dan pasos rápidos y cortos (festinación), con dificultad para pararse. Episodios de bloqueo (los pies parecen que están pegados al suelo).
  • Trastorno del equilibrio: Reflejos alterados, fáciles caídas.

 

Síntomas no Motores.

  • Trastornos del sueño: insomnio para coger el primer sueño, sueño muy fragmentado en la noche, despertarse muy temprano y no volver a dormirse, pesadillas vívidas, gritos nocturnos, somnolencia diurna…
  • Apatía, ansiedad y depresión
  • Alteraciones cognitivas.
  • Efectos secundarios de la medicación: Alucinaciones, tendencias compulsivas (hipersexualidad, ludopatías…)
  • Trastornos leves del sistema nervioso autónomo: estreñimiento y aumento de la sudación.
  • Alteraciones sensoriales y dolor. Ej.: Anosmia. (Pérdida o disminución del sentido del olfato)
  • Fatiga, agotamiento fácil, cansancio crónico.
  • Cambios en el tono de voz que se torna más débil.
  • Cambios en el semblante que se vuelve menos expresivo.
  • Alteraciones cutáneas: eczema seborreico, que afecta fundamentalmente la piel de la cara y el cuero cabelludo.

 

Causas

Se desconocen las causas, a excepción de los casos inducidos por traumatismos, drogodependencias y medicamentos, así como algunas formas hereditarias. Estos podrían ser algunos indicadores de riesgo:

Factores genéticos: Probables en algunos casos. Se han identificado ya cuatro genes responsables del párkinson en unas familias muy afectadas por la patología. Alrededor de un 15 % de pacientes conocen algún pariente consanguíneo afectado también de párkinson.

Tóxicos externos: Se sabe que determinadas sustancias (la MPTP, por ejemplo) puede producir párkinson. Otras sustancias generan síntomas parkinsonianos reversibles (los antipsicóticos). Igualmente se sabe que personas expuestas a herbicidas, plaguicidas, oxidantes, metales, etc., tienen más riesgo de padecer la enfermedad.

Alteración metabólica degenerativa: Se sospecha que en algunas personas el ritmo “natural” de muerte de las neuronas que segregan dopamina es más rápido que el de otras personas, por lo que desarrollarán párkinson de inicio temprano.

 

 

TRATAMIENTOS

El tratamiento de la enfermedad de Parkinson consiste en mejorar, o al menos mantener o prolongar la funcionalidad del enfermo durante el mayor tiempo posible.

En la actualidad, el tratamiento puede ser de tres tipos (aunque son viables combinaciones):

  • Farmacológico: Restituyen de forma temporal la dopamina en el cerebro o bien, imitan las acciones de la misma.
  • Quirúrgico: Cirugía de estimulación cerebral profunda. Mediante ésta, se realiza una estimulación de alta frecuencia sobre unos puntos de afectación.
  • Rehabilitador. Como un tratamiento causal aún no es posible, el objetivo debe ser elevar la calidad de vida y lograr el máximo de independencia. Esta es la razón por la que, actualmente la atención se dirige cada vez más hacia un tratamiento multidisciplinario de la enfermedad (fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, apoyo psicológico, trabajo social…), no cubierto desde el sistema público.

 

Tratamiento Farmacológico

Levodopa: Es el medicamento base para todo paciente con párkinson. La levodopa es usada por las células nerviosas en el cerebro para fabricar dopamina. Generalmente, se combina con otras medicinas, como benserazida o carbidopa, que ayudan a que la levodopa se descomponga antes de llegar al cerebro y evita los efectos secundarios que produce (naúseas, vómitos, mareos, cansancio).

Agonistas dopaminérgicos: Los agonistas dopaminérgicos funcionan como sustitutos de la dopamina en el cerebro y tienen efectos similares a la levodopa. Su duración es mayor pero produce más efectos secundarios (náuseas, vómitos, hipotensión ortostática, delirios, alucinaciones, problemas de sueño, trastorno de control de impulsos, etc.). Se pautan en las fases iniciales de la enfermedad de Parkinson para tratar de retrasar el inicio con la levodopa y evitar así las complicaciones a largo plazo. Se pueden administrar oral, transdérmica o subcutáneamente (apomorfina).

Inhibidores de la COMT y/o de la MAO-B: Conforman otra alternativa a la levodopa para los tratamientos en las primeras fases de la enfermedad de Parkinson o para combinarla con la levodopa en pacientes con una evolución de la enfermedad más avanzada. Permiten que la dopamina se mantenga más tiempo en el cerebro bloqueando las enzimas MAO-B y COMT que impiden su acción.

Anticolinérgicos: Fueron los primeros fármacos que se utilizaron para el párkinson. Actualmente se recomiendan en contadas ocasiones, como en caso de un temblor intenso o distonía asociada. Tiene efectos secundarios como visión borrosa, pérdida de memoria, alucinaciones, estreñimiento…

Amantadina: Creado para fármaco antiviral, se administra al comienzo de la enfermedad de Parkinson para retrasar la toma de levodopa. Disminuye las discinesias o movimientos involuntarios. Sus efectos no tienen una duración muy prolongada.

 

Sistemas de inducción continúa

Infusión subcutánea de apomorfina: Se trata de un perfusor con una aguja, a través del cual se le administrarle apomorfina al paciente con párkinson. Tiene los mismos efectos que los agonistas.

Infusión intraduodenal de levodopa: Se utiliza en pacientes que tienen muchos estados «on-off», con fluctuaciones motoras complejas, discinesias y una evolución larga de la enfermedad. Consiste en insertar una sonda transabdominal en el intestino mediante una gastrostomía endoscópica. A ella, se conecta una bomba portátil a través del duodeno, encargada de suministrar de forma directa los fármacos.

 

Tratamientos quirúrgicos

No está recomendado para todas las personas con párkinson. Son efectivos para los síntomas motores como temblor, discinesias, rigidez, bradicinesia, etc.

Técnicas irreversibles: talamotomía, palidotomía y subtalatomía. Están en desuso ya que se lesionan algunas partes del cerebro.

Técnicas reversibles: Estimulación cerebral profunda. Pueden mejorar los síntomas motores: temblor, rigidez, lentitud… La técnica consiste en colocar unos electrodos en la parte del cerebro afectada por la enfermedad de Parkinson, éstos son conectados a través de un alambre fino debajo de la piel a un generador de impulsos (similar a un marca pasos cardíaco) en la pared torácica. El generador de impulsos producirá una pequeña corriente eléctrica a través del cable estimulando la zona afectada por el párkinson.

 

Tratamientos rehabilitadores

Son innumerables los estudios y especialistas que consideran las terapias complementarias igual de importantes que la toma de medicación para una persona con párkinson. Aunque nunca deben ser sustitutivas, ayudan a ralentizar la sintomatología física de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.